<<Si
una obra realmente quiere ser inmortal, ha de romper todas las barreras de lo
humano: no debe tener ni razón ni lógica. De este modo se aproxima a lo onírico,
al espíritu de un niño…>> Chirico
Pintor
italiano de origen griego, creó la escuela de pintura metafísica, recibió gran
influencia de las obras alegóricas del pintor suizo del s. XIX Arnold Backlin.
Pintó paisajes urbanos desérticos.
Hacia
1910, el pintor comenzó a desarrollar en Italia un nuevo lenguaje poético, que
más tarde se denominaría metafísica. Las primeras obras metafísicas evocan un
mundo onírico misterioso y amenazador a través de acentuados contrastes de
luces y sombras y de una perspectiva exagerada.
Con
su pintura metafísica creó lo que el poeta surrealista André Breton denominaría “el mito moderno”: obras de una
nueva melancolía, que expresa la pérdida de sentido y la alienación del hombre
moderno.
La
identificación con las figuras de la mitología clásica proporcionaba a la
propia vida, una dimensión mítica y, en cierto modo, una validez por encima del
tiempo.
Su
obra influyó decisivamente sobre aquellas corrientes artísticas del siglo XX,
como el surrealismo o la Nueva Objetividad, que no se basaron preferentemente
en innovaciones formales, sino en un nuevo modo de ver las cosas y de sondear
su significado oculto.
Los
cuadros de Chirico experimentaron un cambio. Las anchas plazas vacías, con sus
largas sombras y estatuas o maniquíes
solitarios dejaron paso a estrechos interiores, en los que se acumulaban
objetos extraños: banderitas, cartabones, mapas, galletas y demás objetos de
panadería…se dice que Chirico quería entrar ahora en los espacios ocultos tras
las arcadas oscuras y las contraventanas cerradas, para descubrir el enigmático
mundo de sus habitantes. Allí refleja un sentimiento de aislamiento, de
encierro: los espacios causan una impresión claustrofóbica, enigmática y
ambigua, lo cual en ocasiones se refuerza con la vista a través de la venta, hacia una sección
indeterminada del cielo.
El
mundo que se refleja en sus obras es un mundo de sombras y de apariencias, de
cielos fríos y verdes, de espacios vacíos y de perspectivas sin sentido. Fue el
primer artista moderno en descubrir y
poner por obra la equivocidad de todo lo visible.
Entre
1915- 1925, pintó extraños maniquíes sin rostros y naturalezas muertas en las
que yuxtaponía objetos que no tenían ningún tipo de relación entre sí. Por otra
parte, era lúgubre, se adentraba en el silencio interior de los sueños y del
subconsciente. A finales de los años sesenta comenzó a esculpir.
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